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Gracias al Grupo Salve Mater

 NUEVO: Testimonio del viaje a la República Deomocrática del Congo

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MUCHAS GRACIAS, GRUPO SALVE MATER

El día 26 de enero, sábado, a las 8:00h de la tarde, los feligreses de la Parroquia del “Patrocinio de San José”, así como miembros de parroquias vecinas y amigos de ASOL  pudimos deleitarnos, gozar y hasta orar con el Concierto de música clásica del Grupo Salve Mater. Los nueve miembros del Grupo, con Carmelo Santamaría a la cabeza, como Director, consiguieron crear un profundo sentimiento religioso durante los 55 minutos ininterrumpidos en los que, con el canto gregoriano y polifónico, regalaron a los asistentes 20 piezas de la liturgia de la misa y del oficio divino que se cerró con un caluroso y largo aplauso de todas la personas que tuvimos la suerte de saborear “la buena música” interpretada por esas nueve extraordinarias voces. En medio de un barrio que tiene que saborear día a día las hieles del sufrimiento causado por la precariedad laboral, por la pobreza y, en no pocas ocasiones, por la exclusión social, esas nueve voces lanzaron mensajes, en forma de súplica unas veces, como “Ven, oh Dios, en mi ayuda”, “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”, “ten piedad de mí, Dios mío, por tu gran misericordia”, “Padre nuestro, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino” “Danos una vida saludable”… Otras, se convertía en confesión de fe: “Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz”, “Jesús, dulce memoria”, “¡Qué amable eres!”, “Jesús, júbilo del corazón”, “Jesús, qué misericordioso eres”. En otros momentos, a las gentes de este barrio, como se le regaló a los pastores la noche en que nació Jesús, escuchábamos, de esas nueve voces, la gran noticia: “Gloria a Dios en los cielos, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”; y en mi interior yo continuaba recordando a los Santos Padres: “La gloria de Dios es que hombre (varón y mujer) viva”;  y así, este pobre barrio, como si las nueve voces interpretaran también el sentir y la experiencia de fe de sus gentes, alababan y bendecían a Dios: “Te alabamos, te bendecimos, te adoramos”.  Y el canto de “los nueve”, seguía haciendose oración comunitaria, ahora de alabanza a la que se unía la pobre y sencilla comunidad de la parroquia.Y continuaba el acto artístico y religioso y seguíamos orando a Dios a través del arte de este coro que ahora se convertía en reconocimiento de algo que también es verdad en el corazón de nuestro barrio,  y que nos sabía a invitación a la contemplación de Dios en medio de nuestras vidas cuando escuchábamos: “Donde hay caridad y amor, allí está Dios”… Y se me pasaban por la memoria y el corazón personas con rostros concretos, familias, y grupos que comparten hasta su pobreza -porque a veces solo tienen eso- , que se solidarizan con los vecinos y que aciertan a servir la fraternidad y la entrega en el más puro silencio y anonimato.Y el coro seguía cantando, como si de un enviado de Dios se tratase, antífonas y versos de las Sagradas Escrituras y de la Tradición viva de la Iglesia: “Levantaos después del descanso los que coméis el pan de la fatiga”. Y yo, mirando a la bóveda de la iglesia, vi una gran muchedumbre de nuestro barrio en la que iba reconociendo poco a poco personas muy queridas en cuyos rostros y cuerpos aparecían esculpidos el cansancio y la fatiga; unos porque tienen que echar muchas horas para poder llevar un poco de pan para sus familias (hombres, mujeres…); o porque las mamás tienen que trabajar fuera y en su casa; otros que apenas si han podido descansar, porque al alba se despiertan inquietos al estar en paro y les espera un día más en el se arrastrarán de un lugar a otro  para pedir trabajo aunque sea precario. Y estas voces amigas, seguían y seguían como “verdaderos voceros de de Dios” recordándonos a todos, y sobre todo a los que se les obliga a poner como fundamental objetivo de sus vidas el producir y producir más: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los que la construyen”. “Esta es la herencia del Señor: los hijos, su salario…”. Y aquí, me quede paralizado. Algo tiene que estar pasando en nuestro mundo… No se me borraba del corazón ni de la cabeza este mensaje de la Palabra de Dios… Estaba recordando a J.L. y su familia. Muchos años en paro, con trabajos precarios, pidiendo, como si de un mendigo se tratase, para poder comer, cuando ya no le quedaba más remedio … Ahora con una depresión fuerte y expulsado del trabajo en esos momentos. Su mujer ha sido intervenida quirúrgicamente hace unos días… Años y años así…. Y tiene seis hijos que, como padre los quiere a rabiar, pero algunos de ellos están “tocados” por algo que no les deja “humanizarse”. Y yo repetía: “Esta es la herencia del Señor: los hijos, su salario”; pero a J.L. le hace falta más herencia de Dios y para poder asumir sin desquiciarse este tipo de “salario”. Y yo solo supe rezar: “Algo tiene que estar pasando, Señor, y no lo entiendo”; bueno, lo entiendo con dolor y concluyo que este sistema dificulta profundamente el poder responder a la vocación que Tu nos has dado, la HUMANIZACIÓN. Señor hemos salido de tus manos, como la vasija de las manos del alfarero, pero hoy se tiene poco en cuenta esa dignidad. A este sistema, a este dragón, … solo le interesa la sangre de tus hijos; no le interesa que se desarrollen como imagen tuya que son.  Y una vez más recordé y contemplé a J. L. que el amor hacia sus hijos lo mantiene vivo a pesar de los pesares. Y recordé que hace unos días vi a J. L. y a su esposa hundidos, destrozados… Venían a ver la parroquia nueva, venían a ver si se encontraban con nosotros; entraron y se sentaron en la que antes hacía de capilla, en silencio…Ese día me repetí a mí mismo una vez más: El Crucificado ha Resucitado y sigue saliendo crucificado al encuentro de… J. L. y su familia y de tantas y tantas familias, hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos cuya cruz se le hace insoportable. Ojalá puedan y podamos vivir la cruz desde Él, el Crucificado-Resucitado. Y di gracias a Dios por todas las personas, colectivos y grupos que se comprometen para hacer un mundo más humano y más justo y con su compromiso transformador transparentan la Resurrección de Jesucristo (en quien ha quedado todo el mundo transformado, transfigurado).Y como no podía faltar, el Grupo Salve Mater nos hizo dirigir la mirada hacia la Madre: “Salve, estrella del mar, madre de Dios… Por recibir, por boca de Gabriel, aquel dulce Ave, asiéntanos en tu paz… Libra de las cadenas a los reos, ilumina a los ciegos, aleja nuestros males, otórganos todo lo bueno. Muestra que eres madre; reciba por ti nuestras plegarias tu Hijo engendrado en tus entrañas”. Y yo solo supe repetir: AMÉN, AMÉN…Al terminar, un caluroso y cerrado aplauso resonó en la iglesia. Era la manera que teníamos todos de decirles, de deciros, queridos amigos del Grupo Salve Mater: “¡MUCHAS GRACIAS!”, como os diría al final Juan Carlos, el párroco; gracias por vuestro extraordinario trabajo, por lo bien que lo hicisteis y porque nos habíais ayudado a orar de una manera tan bonita y artística desde la Palabra de Dios, desde la Tradición viva y desde nuestra vida y gentes de este barrio tan empobrecido y pobre. Y como sonido de fondo de este fabuloso concirto, AFRICA, sus pueblos, sus gentes, sus vidas, sus gritos y sliencio al que aportábamos nuestro granito de arena como signo y sacramento de solidaridad.  Como sabéis, desde la gente más humilde hasta las personas muy entendidas en estas realidades artísticas, que también haberlas, hailas, me comentaban -lo mismo que os lo comentaron a vosotros- lo mucho que les había gustado el concierto.

Manolo Barco

One comment

  1. Hermoso comentario a todo el concierto de Salve Mater, el 26 de enero, en la parroquia de Patrocinio de San José. Hermoso, digo, porque hace una exégesis de todos los textos que se cantaron – oración dirigida al padre por todos nosotros, especialmente por los más pobres – y nos hace pensar en todos los problemas de la gente que conocemos, para que seamos más solidarios con la pobreza y necesidad de nuestro hermanos. ¡Gracias, Manolo Barco!



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