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Los carismas comunitarios

Los carismas comunitarios

Allá por el año 1968 el filósofo marxista heterodoxo Ernst Bloch pronunció una conferencia en Viena cuyo contenido ha sido dado a conocer entre nosotros por A. Álvarez Bolado. El título de dicha conferencia era: «Carismas de un pueblo en marcha» ¿Con qué dinamismos interiores ha de estar habitada una colectividad para que sea capaz de crear historia? Bloch decía que un pueblo en marcha necesita el carisma de lo profético, lo cantor, lo medical y lo regio. El contenido de la conferencia de Bloch lo podemos aplicar al caso de la comunidad.

Lo profético

Sin profetas no hay marcha. Una comunidad sin el carisma profético pierde su capacidad de analizar el presente y, sobre todo, de tender utópicamente hacia el futuro de Dios. Profeta es aquel hombre o mujer en quien el Espíritu se manifiesta taladrando el presente y abriéndolo dolorosamente a la promesa. Dice por qué las cosas están mal y su lenguaje no admite componendas, las cosas están mal por una ausencia radical de fidelidad a Dios. Arranca de comprobaciones sociológicas y políticas, pero lo que últimamente le interesa es poner al descubierto la causa radical (de raíz) del mal: el olvido práctico de Dios presente incluso en una piedad sin compasión y en un culto sin justicia.

Porque deja las cosas al descubierto, sin ideologizarlas, y porque sitúa al hombre frente a las exigencias inapelables de Dios, el profeta puede resultar tremendamente duro y desabrido, una persona intolerable dentro de la comunidad. Ahora bien, lo que distingue a un profeta de un simple precursor de calamidades es su sentido vibrante de la misericordia y fidelidad de Dios. El hombre puede traicionar a Dios comportándose injustamente con los hijos de Dios; pero Dios no puede olvidarse definitivamente del hombre, porque su esencia consiste en ser relación salvadora hacia la humanidad. El profeta lo capta así, y por eso anuncia siempre la esperanza. Donde no hay anuncio de esperanza no hay profecía.

¿Por qué es tan importante la presencia de lo profético dentro de la comunidad? La comunidad quiere ser para la sociedad una “terapia de shock”, una curación a través de la sacudida que produce poner al descubierto la realidad empecatada del mundo y, sobre ello, la difícil esperanza que vincula la promesa a la conversión de los corazones y de las estructuras a Dios. Sin el elemento profético, la comunidad se vuelve amorfa, insulsa, no sabe exactamente para qué vive, pierde su orientación y el sentido de su misión. La comunidad necesita de lo profético como el pan de la levadura.

Y, sin embargo, no basta. Una comunidad que estuviera formada por ese solo carisma no marcharía. ¿Cuánto tiempo habrían aguantado juntos Oseas, Amós, Isaías y Jeremías? Probablemente, muy poco. El profeta es muy personal en sus visiones y tiene sus grandes limitaciones a la hora de captar todos los elementos que constituyen la realidad y la marcha. Es levadura, pero no sabe hacer pan; y ambas cosas son necesarias para la comunidad. A su lado tiene que haber otra gente, otro carisma, que abra la realidad a otras nuevas dimensiones y aporte al grupo otros componentes imprescindibles de la marcha.

Lo cantor

Mientras caminamos, mientras tratamos de modelar nuestra historia personal y comunitaria y la historia del mundo de acuerdo con el Evangelio de Jesús, se van produciendo hechos y acontecimientos que merecen ser cantados y celebrados. ¿Quién lo hará? No ciertamente el profeta, perpetuamente ocupado en lo que todavía falta por hacer y, a veces, hasta crispado por la lentitud de la marcha.

El cansancio es, por otra parte, un dato más que humano en el tiempo presente. La comunidad puede tener muy al vivo la experiencia de la enorme desproporción existente entre los esfuerzos invertidos y los resultados cosechados. ¿Quién alentará la marcha en las horas bajas del desaliento? El profeta, en todo caso, tiene una cierta obsesión por seguir ahondando en la condición humana, y la esperanza que anuncia ve que va para largo.

Aquí entra en juego el cantor. Ese hombre o mujer con capacidad de captar y cantar la salvación que ya existe entre nosotros en toda forma de amistad que crece, de Reino que aporta, de paciencia que resiste. El Reino de Dios es un horizonte siempre inacabado, pero es también presencia dentro y fuera de la comunidad. Cuando, por la dureza de la vida y de la misión, este ya se vuelve imperceptible, son los cantores los encargados de señalarlo con su canto y los únicos capaces de volver a poner a la comunidad en pie para profundizarlo. Una marcha continuada, alegre y resistente a un mismo tiempo, necesita de los cantores como la fiesta de la música que la acompaña.

Es lo que descubrió la teología de hace unos años. Al reflexionar sobre sí misma, sintió que tal vez se habría puesto excesivamente seria en sus versiones de Teología de la esperanza, de la revolución, de la Cruz y otras similares. Demasiado seria y con demasiado poco espacio para celebrar lo que en la vida ya es presencia del Señor entre nosotros. No se trataba, está claro, de negar los fundamentos de esa «seriedad» –están demasiado presentes para ignorarlos-, sino de recuperar el gozo de vivir al servicio de la causa de Dios en el mundo y palpar ya algunas de sus promesas. Así es como nacieron aquellas tres obras cuya actualidad, según creo, sigue siendo incuestionable: Fiestas de locos, de Harvey Cox. Sobre la libertad, la alegría y el juego, de Jürgen Moltmann, y Cristianos en fiesta, de Juan Mateos.

En aquel momento escribía H. Cox: «La fiesta sin política se vuelve insulsa, pero la política sin fiesta es peligrosa». Festejar sin más, desconociendo el sentido profundo de lo que se celebra y el hacia dónde de esa celebración, aburre a la larga. Vivir tenso hacia el futuro a través de un compromiso radical, sin gozar de ese esfuerzo y de lo que se va produciendo, crea hombres duros, incapaces de toda sonrisa y ternura. En ese sentido, peligrosos.

Dentro de un mismo grupo, en una misma comunidad, la tentación del profeta será excomulgar al cantor, -«tal como está el mundo, no cabe fiesta»-; y la tentación del cantor será huir del profeta que le resulta agrio e inaguantable. Y, sin embargo, ambos son igualmente necesarios para mantener en pie la larga marcha de la comunidad.

Lo medical

En todo grupo humano hay enfermos, también en la comunidad. A unos les duele el corazón, a otros el hígado y casi todos llevamos heridas profundas en nuestra alma. Una comunidad que no admita enfermos no puede llamarse cristiana: pero la cuestión está en ver quién puede ofrecerles una mano. Al enfermo no le pone en marcha el profeta ni el cantor. Ni está para cantos ni mucho menos para que alguien lo culpabilice todavía más por su enfermedad. Lo que necesita es un médico que lo cure.

Todos conocemos ese tipo de hombre o de mujer cuya aportación fundamental al grupo o comunidad consiste en saber acercarse silenciosa y humildemente a cada uno, intuir sin muchas preguntas dónde está su herida y tratar de curarlo devolviéndole grandes dosis de confianza en sí mismo y en la obra que Dios quiere hacer a través de él o ella. Su presencia es absolutamente necesaria y preciosa dentro de una comunidad en una época como la nuestra, en la que una civilización “enferma” de egoísmo e injusticia produce todo tipo de heridas, especialmente las que no son fáciles de curar porque están ocultas.

El médico no es cantor ni profeta -otra vez los peligros de la excomunión- pero es tan necesario a la vida comunitaria como ellos. Al que se sienta al borde del camino, herido y cansado, no le echa a andar más que el samaritano que entiende de vendar heridas.

Lo regio

Es el servicio de la autoridad. Cuanto más rica sea una comunidad en presencias carismáticas, más necesaria se hace su coordinación de cara al encuentro personal y comunitario con la voluntad de Dios en la historia. Sin ese servicio, el mundo interior de la comunidad puede resultar caótico y la expresión de los diversos carismas puede derivar en algarabía epidérmica y en mutua e ineficaz neutralización para la misión.

El hombre por naturaleza se preocupa por sí mismo, por los intereses personales más que por los intereses de los demás. Para salir de sí mismo, no hacia una causa mayor que él, necesita un discernimiento acompañado que le ayude a distinguir el movimiento de Dios en la marea de sus propios movimientos interiores. La comunidad, por otra parte, no puede deducir inmediatamente lo que Dios quiere de ella. Dios se esconde en el mundo, su voluntad es objeto de un discernimiento permanente que a largo plazo no puede ser convenientemente animado, coordinado y realizado en la comunidad sin el servicio de la autoridad del carisma regio. Ese carisma normalmente está repartido, unos lo tienen para unas cosas y otros para otras. La autoridad máxima está en el conjunto de los miembros comunitarios y el consenso al que se llega por auténtico discernimiento y es confirmado por la experiencia de estar todos contentos con la decisión adoptada y que será respetada por todos.

En una comunidad que renuncia realmente al poder, toda autoridad deberá aparecer como una forma de servicio, y toda decisión como colegial, ya que cada uno, incluso los menos dotados, están invitados a construir la verdad (Juan 3,21; 8,32), puesto que sin esta verdad no habrá libertad para los pequeños y los pobres.

Por lo mismo, la comunidad se constituye en nuestro mundo en un espacio y un tiempo de verdad y de libertad, en los que nadie debe pretender llamarse padre o maestro (Mateo 23,8-11) porque todos contribuyen a la construcción de la comunidad.

◦ ◦ ◦

¿Hay alguna alternativa frente a la real posibilidad de que los distintos carismas terminen excomulgándose mutuamente e imponiéndose dictatorialmente sobre los demás? La alternativa consiste en que cada uno sepa ver en los demás aquel modo en que Dios se hace presente al grupo como gracia –carisma- y «reconocerlo» como tal. A partir de ahí, las tentaciones de excomunión se convierten en conciencia de complementariedad y en aceptación agradecida de aquellas otras presencias sin las cuales la comunidad se vería imposibilitada de proseguir su marcha. Naturalmente, las tensiones seguirán en pie, porque el profeta, el médico y el cantor seguirán siendo lo que son, y sus visiones no siempre serán coincidentes, pero será una tensión creadora: la que se produce con vistas a que la comunidad sea y se mantenga como hogar hacia dentro y como taller hacia fuera: comunión y misión.

Reconocer a los demás va en paralelo con conocerse a sí mismo. Todos contamos con algún tipo de presencia de Dios en nosotros para el servicio de los demás. Es preciso pararse a descubrirla. Es bueno sentirnos habitados por ella y descubrir su vocación interior de ponerse al habla con el resto de las otras presencias. El problema suele estar frecuentemente en el hecho de que esa conciencia es muy débil dentro de nosotros y en que, por una secreta venganza y, a –veces secreta realidad, no nos decimos unos a otros esa palabra de reconocimiento que tanto necesitamos escuchar. Esa palabra, dada y recibida a un mismo tiempo, liberaría dentro de nosotros energías insospechadas que serían puestas al servicio de la marcha interna y misionera de la comunidad y que normalmente quedan prisioneras del miedo o de la agresividad.

Luis Lorenzo Gutiérrez, mayo 2008

2 comentarios

  1. Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein
    (1891-1942)
    Bio-bibliografía:

    1891. Nace Edith Stein el 12 de octubre en Breslavia, estado de Prusia (Imperio Alemán), hoy Wroclaw (Polonia). Es la menor de siete hijos de una familia judía.
    1893. Muere su padre Sigfried. La madre, Auguste, asume e incrementa el negocio familiar de maderas. Su tenacidad y rectitud ética dejarán huella en Edith.
    1897. Edith ingresa prematuramente en la Escuela Victoria por deseo de acompañar a su hermana más próxima, Erna. Gran capacidad de aprendizaje; muestra un mundo interior vivo en redacciones escolares. Particular afición a la literatura y la historia.
    1906-07. Pasa diez meses en Hamburgo para asistir a su hermana Else en tareas domésticas y de crianza, interrumpiendo voluntariamente sus estudios. De regreso a Breslavia, cultiva la lectura –Grillparzer, Hebbel, Ibsen, Shakespeare- y se prepara para acceder al bachillerato. Indiferencia religiosa.
    1908-11. Cursa el bachillerato (Realgymnasium) en la Escuela Victoria, que culmina con el examen de reválida. Sigue interesada por las letras alemanas: Goethe, Schiller… Disiente de la enseñanza prusiano-conservadora de la historia. Destaca como excelente alumna de latín y se va perfilando su interés por la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización “Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto”. Mas tarde escribía: “como bachiller y joven estudiante fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas”.
    1911. Stein se matricula en Germánicas e Historia en la Universidad de Breslavia. Sacrifica asignaturas de latín en su programa por otras de iniciación a la filosofía. Estudia Filosofía de la naturaleza, Lógica, Teoría del conocimiento, Historia de la filosofía moderna, psicología.
    1912. En navidades lee Investigaciones lógicas, de Edmund Husserl. Decide abandonar Breslavia al término de su cuarto semestre académico y trasladar su expediente a la universidad de Gotinga para escuchar al maestro.
    1913. En abril llega a Gotinga, alumna de Husserl y Adolf Reinach. Lee Ideas para una fenomenología pura y una filoso-fía fenomenológica, de Husserl. Admitida en la Sociedad Filosófica, que ese semestre comentaba El formalismo en la ética y la ética material de los valores, de Max Scheler. Escucha conferencias sobre la fenomenología de la simpatía. Semestre decisivo que inaugura una nueva etapa en la vida de Stein y de su itinerario intelectual.
    1913-14. Cursa el sexto semestre universitario y prepara sus trabajos escritos para la licenciatura: uno de historia y otro de filosofía sobre la empatía en los tratamientos al uso, especialmente en Theodor Lipps. Al estallar la primera guerra mundial Edith decide hacer un curso de enfermería.
    1915. En enero; examen oral de licenciatura. Trabaja cinco meses como enfermera voluntaria de la Cruz roja en el hospital militar de Mährisch-Weisskirchen, Moravia (Imperio Austrohúngaro).
    1916. Primera experiencia docente, en un centro de Secundaria, como profesora suplente de latín a causa de la guerra. En agosto presenta en Friburgo de Brisgovia su tesis doctoral, El problema de la empatía en su desarrollo histórico y en su consideración fenomenológica, que publica parcialmente al año siguiente como Sobre el problema de la empatía. Máxima calificación. Conoce a Heidegger y trabaja como asistente privada de Husserl en Friburgo.
    1918. Deja voluntariamente de trabajar para Husserl. Prepara los escritos de Reinach, caído en combate, para su publicación.
    1919. Su condición de mujer le impide acceder a la docencia universitaria. El escrito de habilitación, Contribuciones para una fundamentación filosófica de la psicología y de las ciencias del espíritu, será publicado en 1922 en el anuario de los fenomenólogos editado por Husserl.
    1920. En Breslau imparte lecciones privadas de iniciación a la fenomenología siguiendo el manuscrito Introducción a la filosofía.
    1921. De visita en la casa de Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Hussel y compañera de doctorado, en Bergzabern, en el Palatinado. Edith visita la biblioteca y lee –en una sola noche- el Libro de la vida de Sta. Teresa de Jesús. Al cerrar el libro, con las primeras luces del alba, tuvo que confesarse a sí misma: “¡Esta es la verdad!” Según su propia confesión, esta obra fue determinante para su conversión al cristianismo.
    1922. En enero de ese año, Edith fue bautizada con el nombre cristiano de Teresa Hedwig. A los pocos días de ser bautizada fue a visitar a su familia, a casa de la anciana madre Auguste, para contarles lo que había hecho. Se puso de rodillas y le dijo: “¡Mamá soy católica”!. La madre, firme creyente de la fe de Israel, lloró. Y lloró también Edith. Ambas sentían que, a pesar de seguirse amando intensamente, sus vidas se separaban para siempre. El 2 de febrero del mismo año, obtuvo la confirmación.
    1923. Ingresa como profesora de lengua y literatura alemana e historia en el Liceo y en el Seminario de profesoras regentado por las dominicas del convento de Sta. Magdalena, en Espira.
    1925. Publica Una investigación sobre el Estado en el anuario de Husserl. Conoce a Erich Pizywara, con quien mantendrá un vivo intercambio de ideas.
    1926. Por esta época emprende la traducción de las Quaestiones disputatae de Veritate de Sto. Tomás de Aquino.
    1928. Publica su traducción de las cartas y diarios del cardenal J. H. Newman anteriores a su conversión al catolicismo. Comienza su actividad de conferenciante.
    1929. Publica «La fenomenología de Husserl y la filosofía de santo Tomás de Aquino. Ensayo de una confrontación».
    1931. Sus conferencias sobre la mujer en diversas ciudades del área lingüística alemana le han granjeado fama. Edita algunas, como la pronunciada en Salzburgo el año anterior: El ethos de las profesiones femeninas. Asimismo, la titulada «El intelecto y los intelectuales». Abandona Espira y fracasa de nuevo en el intento de acceder a la docencia universitaria. Entre este año y el siguiente publica su traducción de Sto. Tomás: Investigaciones de Sto. Tomás de Aquino sobre la verdad.
    1932. Enseña en el Instituto Alemán de Pedagogía Científica, en Münster, donde impartirá dos cursos: Problemas de la educación de la mujer y La estructura de la persona humana.
    1933. Impedida para la enseñanza por su condición de no aria, en octubre ingresa en las Carmelitas Descalzas de Colonia según su antiguo deseo. Adoctará el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.
    1936. Culmina su mayor obra, Ser finito y Ser eterno, publicada póstumamente en 1950.
    1938. El 9 de noviembre se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda.
    1939-41. Por encargo de la Priora del monasterio de Echt profundiza en la teología simbólica de Dionisio Aeropaguita y en la mística de san Juan de la Cruz. Dos escritores importantes: «Caminos del conocimiento de Dios y Ciencia de la cruz». En la primavera de 1940 Holanda es ocupada por los nazis. Ante el peligro de arresto desestima venir a España y gestiona la oferta de asilo en el Carmelo de Le Pâquier (Suiza).
    1942. El 2 de agosto de ese año llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: “¡Ven, vayamos a morir por nuestro pueblo!”. Junto con otros muchos judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. Al día siguiente llega el tren de la muerte al campo de concentración de Auschwitz. Tras un rápido reconocimiento, por su edad (51 años cumplidos), su baja estatura, sin signos externos de robustez, en la mentalidad nazi, no servía para trabajos forzados. Muere víctima del tóxico gas ciclón B en la madrugada del 9 de agosto de 1942.
    Beatificación y canonización
    En 1962 se inició su proceso de beatificación. Fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, el 1 de mayo de 1987. Su fiesta se celebra en el Carmelo Teresiano el 9 de agosto. El Papa Juan Pablo II canonizó a la judía, filósofa, monja, mártir y beata, Teresa Benedicta de la Cruz de la Orden del Carmelo, el 11 de octubre de 1998 en la Basílica de San Pedro en Roma. Fue también este Papa quien la declaró copatrona de Europa junto a Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena el 13 de diciembre de 1999, en el marco de apertura del Sínodo de Europa.

    Luis Lorenzo Gutiérrez. Madrid, 1 de octubre 2009


  2. Edith Stein nació el día de la fiesta del Yom Kippur del año 1891
    El día que nació Edith Stein, 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el Día de la Expiación o Perdón, considerado el día más santo y más solemne del año. Edith Stein tuvo siete hermanos, pero su madre siempre tuvo predilección por Edith, quizá por haber nacido en una fecha tan significativa para el pueblo hebreo.
    Hemos recogido algunos datos de su biografía con el fin de conocer quien fue Edith Stein, una mujer ejemplar en todos los sentidos, como judía, como feminista, como católica, como filósofa, como mística.

    Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein
    (1891-1942)
    Bio-bibliografía:

    1891. Nace Edith Stein el 12 de octubre en Breslavia, estado de Prusia (Imperio Alemán), hoy Wroclaw (Polonia). Es la menor de siete hijos de una familia judía.
    1893. Muere su padre Sigfried. La madre, Auguste, asume e incrementa el negocio familiar de maderas. Su tenacidad y rectitud ética dejarán huella en Edith.
    1897. Edith ingresa prematuramente en la Escuela Victoria por deseo de acompañar a su hermana más próxima, Erna. Gran capacidad de aprendizaje; muestra un mundo interior vivo en redacciones escolares. Particular afición a la literatura y la historia.
    1906-07. Pasa diez meses en Hamburgo para asistir a su hermana Else en tareas domésticas y de crianza, interrumpiendo voluntariamente sus estudios. De regreso a Breslavia, cultiva la lectura –Grillparzer, Hebbel, Ibsen, Shakespeare- y se prepara para acceder al bachillerato. Indiferencia religiosa.
    1908-11. Cursa el bachillerato (Realgymnasium) en la Escuela Victoria, que culmina con el examen de reválida. Sigue interesada por las letras alemanas: Goethe, Schiller… Disiente de la enseñanza prusiano-conservadora de la historia. Destaca como excelente alumna de latín y se va perfilando su interés por la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización “Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto”. Mas tarde escribía: “como bachiller y joven estudiante fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas”.
    1911. Stein se matricula en Germánicas e Historia en la Universidad de Breslavia. Sacrifica asignaturas de latín en su programa por otras de iniciación a la filosofía. Estudia Filosofía de la naturaleza, Lógica, Teoría del conocimiento, Historia de la filosofía moderna, psicología.
    1912. En navidades lee Investigaciones lógicas, de Edmund Husserl. Decide abandonar Breslavia al término de su cuarto semestre académico y trasladar su expediente a la universidad de Gotinga para escuchar al maestro.
    1913. En abril llega a Gotinga, alumna de Husserl y Adolf Reinach. Lee Ideas para una fenomenología pura y una filoso-fía fenomenológica, de Husserl. Admitida en la Sociedad Filosófica, que ese semestre comentaba El formalismo en la ética y la ética material de los valores, de Max Scheler. Escucha conferencias sobre la fenomenología de la simpatía. Semestre decisivo que inaugura una nueva etapa en la vida de Stein y de su itinerario intelectual.
    1913-14. Cursa el sexto semestre universitario y prepara sus trabajos escritos para la licenciatura: uno de historia y otro de filosofía sobre la empatía en los tratamientos al uso, especialmente en Theodor Lipps. Al estallar la primera guerra mundial Edith decide hacer un curso de enfermería.
    1915. En enero; examen oral de licenciatura. Trabaja cinco meses como enfermera voluntaria de la Cruz roja en el hospital militar de Mährisch-Weisskirchen, Moravia (Imperio Austrohúngaro).
    1916. Primera experiencia docente, en un centro de Secundaria, como profesora suplente de latín a causa de la guerra. En agosto presenta en Friburgo de Brisgovia su tesis doctoral, El problema de la empatía en su desarrollo histórico y en su consideración fenomenológica, que publica parcialmente al año siguiente como Sobre el problema de la empatía. Máxima calificación. Conoce a Heidegger y trabaja como asistente privada de Husserl en Friburgo.
    1918. Deja voluntariamente de trabajar para Husserl. Prepara los escritos de Reinach, caído en combate, para su publicación.
    1919. Su condición de mujer le impide acceder a la docencia universitaria. El escrito de habilitación, Contribuciones para una fundamentación filosófica de la psicología y de las ciencias del espíritu, será publicado en 1922 en el anuario de los fenomenólogos editado por Husserl.
    1920. En Breslau imparte lecciones privadas de iniciación a la fenomenología siguiendo el manuscrito Introducción a la filosofía.
    1921. De visita en la casa de Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Hussel y compañera de doctorado, en Bergzabern, en el Palatinado. Edith visita la biblioteca y lee –en una sola noche- el Libro de la vida de Sta. Teresa de Jesús. Al cerrar el libro, con las primeras luces del alba, tuvo que confesarse a sí misma: “¡Esta es la verdad!” Según su propia confesión, esta obra fue determinante para su conversión al cristianismo.
    1922. En enero de ese año, Edith fue bautizada con el nombre cristiano de Teresa Hedwig. A los pocos días de ser bautizada fue a visitar a su familia, a casa de la anciana madre Auguste, para contarles lo que había hecho. Se puso de rodillas y le dijo: “¡Mamá soy católica”!. La madre, firme creyente de la fe de Israel, lloró. Y lloró también Edith. Ambas sentían que, a pesar de seguirse amando intensamente, sus vidas se separaban para siempre. El 2 de febrero del mismo año, obtuvo la confirmación.
    1923. Ingresa como profesora de lengua y literatura alemana e historia en el Liceo y en el Seminario de profesoras regentado por las dominicas del convento de Sta. Magdalena, en Espira.
    1925. Publica Una investigación sobre el Estado en el anuario de Husserl. Conoce a Erich Pizywara, con quien mantendrá un vivo intercambio de ideas.
    1926. Por esta época emprende la traducción de las Quaestiones disputatae de Veritate de Sto. Tomás de Aquino.
    1928. Publica su traducción de las cartas y diarios del cardenal J. H. Newman anteriores a su conversión al catolicismo. Comienza su actividad de conferenciante.
    1929. Publica «La fenomenología de Husserl y la filosofía de santo Tomás de Aquino. Ensayo de una confrontación».
    1931. Sus conferencias sobre la mujer en diversas ciudades del área lingüística alemana le han granjeado fama. Edita algunas, como la pronunciada en Salzburgo el año anterior: El ethos de las profesiones femeninas. Asimismo, la titulada «El intelecto y los intelectuales». Abandona Espira y fracasa de nuevo en el intento de acceder a la docencia universitaria. Entre este año y el siguiente publica su traducción de Sto. Tomás: Investigaciones de Sto. Tomás de Aquino sobre la verdad.
    1932. Enseña en el Instituto Alemán de Pedagogía Científica, en Münster, donde impartirá dos cursos: Problemas de la educación de la mujer y La estructura de la persona humana.
    1933. Impedida para la enseñanza por su condición de no aria, en octubre ingresa en las Carmelitas Descalzas de Colonia según su antiguo deseo. Adoctará el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.
    1936. Culmina su mayor obra, Ser finito y Ser eterno, publicada póstumamente en 1950.
    1938. El 9 de noviembre se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda.
    1939-41. Por encargo de la Priora del monasterio de Echt profundiza en la teología simbólica de Dionisio Aeropaguita y en la mística de san Juan de la Cruz. Dos escritores importantes: «Caminos del conocimiento de Dios y Ciencia de la cruz». En la primavera de 1940 Holanda es ocupada por los nazis. Ante el peligro de arresto desestima venir a España y gestiona la oferta de asilo en el Carmelo de Le Pâquier (Suiza).
    1942. El 2 de agosto de ese año llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: “¡Ven, vayamos a morir por nuestro pueblo!”. Junto con otros muchos judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. Al día siguiente llega el tren de la muerte al campo de concentración de Auschwitz. Tras un rápido reconocimiento, por su edad (51 años cumplidos), su baja estatura, sin signos externos de robustez, en la mentalidad nazi, no servía para trabajos forzados. Muere víctima del tóxico gas ciclón B en la madrugada del 9 de agosto de 1942.
    Beatificación y canonización
    En 1962 se inició su proceso de beatificación. Fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, el 1 de mayo de 1987. Su fiesta se celebra en el Carmelo Teresiano el 9 de agosto. El Papa Juan Pablo II canonizó a la judía, filósofa, monja, mártir y beata, Teresa Benedicta de la Cruz de la Orden del Carmelo, el 11 de octubre de 1998 en la Basílica de San Pedro en Roma. Fue también este Papa quien la declaró copatrona de Europa junto a Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena el 13 de diciembre de 1999, en el marco de apertura del Sínodo de Europa.

    Luis Lorenzo Gutiérrez. Madrid, 6 octubre 2009



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