h1

Edith Stein

1891. Nace Edith Stein el 12 de octubre en Breslavia, estado de Prusia (Imperio Alemán), hoy Wroclaw (Polonia). Es la menor de siete hijos de una familia judía.
1893. Muere su padre Sigfried. La madre, Auguste, asume e incrementa el negocio familiar de maderas. Su tenacidad y rectitud ética dejarán huella en Edith.
1897. Edith ingresa prematuramente en la Escuela Victoria por deseo de acompañar a su hermana más próxima, Erna. Gran capacidad de aprendizaje; muestra un mundo interior vivo en redacciones escolares. Particular afición a la literatura y la historia.
1906-07. Pasa diez meses en Hamburgo para asistir a su hermana Else en tareas domésticas y de crianza, interrumpiendo voluntariamente sus estudios. De regreso a Breslavia, cultiva la lectura –Grillparzer, Hebbel, Ibsen, Shakespeare- y se prepara para acceder al bachillerato. Indiferencia religiosa.
1908-11. Cursa el bachillerato (Realgymnasium) en la Escuela Victoria, que culmina con el examen de reválida. Sigue interesada por las letras alemanas: Goethe, Schiller… Disiente de la enseñanza prusiano-conservadora de la historia. Destaca como excelente alumna de latín y se va perfilando su interés por la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización “Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto”. Mas tarde escribía: “como bachiller y joven estudiante fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas”.
1911. Stein se matricula en Germánicas e Historia en la Universidad de Breslavia. Sacrifica asignaturas de latín en su programa por otras de iniciación a la filosofía. Estudia Filosofía de la naturaleza, Lógica, Teoría del conocimiento, Historia de la filosofía moderna, psicología.
1912. En navidades lee Investigaciones lógicas, de Edmund Husserl. Decide abandonar Breslavia al término de su cuarto semestre académico y trasladar su expediente a la universidad de Gotinga para escuchar al maestro.
1913. En abril llega a Gotinga, alumna de Husserl y Adolf Reinach. Lee Ideas para una fenomenología pura y una filoso-fía fenomenológica, de Husserl. Admitida en la Sociedad Filosófica, que ese semestre comentaba El formalismo en la ética y la ética material de los valores, de Max Scheler. Escucha conferencias sobre la fenomenología de la simpatía. Semestre decisivo que inaugura una nueva etapa en la vida de Stein y de su itinerario intelectual.
1913-14. Cursa el sexto semestre universitario y prepara sus trabajos escritos para la licenciatura: uno de historia y otro de filosofía sobre la empatía en los tratamientos al uso, especialmente en Theodor Lipps. Al estallar la primera guerra mundial Edith decide hacer un curso de enfermería.
1915. En enero; examen oral de licenciatura. Trabaja cinco meses como enfermera voluntaria de la Cruz roja en el hospital militar de Mährisch-Weisskirchen, Moravia (Imperio Austrohúngaro).
1916. Primera experiencia docente, en un centro de Secundaria, como profesora suplente de latín a causa de la guerra. En agosto presenta en Friburgo de Brisgovia su tesis doctoral, El problema de la empatía en su desarrollo histórico y en su consideración fenomenológica, que publica parcialmente al año siguiente como Sobre el problema de la empatía. Máxima calificación. Conoce a Heidegger y trabaja como asistente privada de Husserl en Friburgo.
1918. Deja voluntariamente de trabajar para Husserl. Prepara los escritos de Reinach, caído en combate, para su publicación.
1919. Su condición de mujer le impide acceder a la docencia universitaria. El escrito de habilitación, Contribuciones para una fundamentación filosófica de la psicología y de las ciencias del espíritu, será publicado en 1922 en el anuario de los fenomenólogos editado por Husserl.
1920. En Breslau imparte lecciones privadas de iniciación a la fenomenología siguiendo el manuscrito Introducción a la filosofía.
1921. De visita en la casa de Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Hussel y compañera de doctorado, en Bergzabern, en el Palatinado. Edith visita la biblioteca y lee –en una sola noche- el Libro de la vida de Sta. Teresa de Jesús. Al cerrar el libro, con las primeras luces del alba, tuvo que confesarse a sí misma: “¡Esta es la verdad!” Según su propia confesión, esta obra fue determinante para su conversión al cristianismo.
1922. En enero de ese año, Edith fue bautizada con el nombre cristiano de Teresa Hedwig. A los pocos días de ser bautizada fue a visitar a su familia, a casa de la anciana madre Auguste, para contarles lo que había hecho. Se puso de rodillas y le dijo: “¡Mamá soy católica”!. La madre, firme creyente de la fe de Israel, lloró. Y lloró también Edith. Ambas sentían que, a pesar de seguirse amando intensamente, sus vidas se separaban para siempre. El 2 de febrero del mismo año, obtuvo la confirmación.
1923. Ingresa como profesora de lengua y literatura alemana e historia en el Liceo y en el Seminario de profesoras regentado por las dominicas del convento de Sta. Magdalena, en Espira.
1925. Publica Una investigación sobre el Estado en el anuario de Husserl. Conoce a Erich Pizywara, con quien mantendrá un vivo intercambio de ideas.
1926. Por esta época emprende la traducción de las Quaestiones disputatae de Veritate de Sto. Tomás de Aquino.
1928. Publica su traducción de las cartas y diarios del cardenal J. H. Newman anteriores a su conversión al catolicismo. Comienza su actividad de conferenciante.
1929. Publica «La fenomenología de Husserl y la filosofía de santo Tomás de Aquino. Ensayo de una confrontación».
1931. Sus conferencias sobre la mujer en diversas ciudades del área lingüística alemana le han granjeado fama. Edita algunas, como la pronunciada en Salzburgo el año anterior: El ethos de las profesiones femeninas. Asimismo, la titulada «El intelecto y los intelectuales». Abandona Espira y fracasa de nuevo en el intento de acceder a la docencia universitaria. Entre este año y el siguiente publica su traducción de Sto. Tomás: Investigaciones de Sto. Tomás de Aquino sobre la verdad.
1932. Enseña en el Instituto Alemán de Pedagogía Científica, en Münster, donde impartirá dos cursos: Problemas de la educación de la mujer y La estructura de la persona humana.
1933. Impedida para la enseñanza por su condición de no aria, en octubre ingresa en las Carmelitas Descalzas de Colonia según su antiguo deseo. Adoctará el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.
1936. Culmina su mayor obra, Ser finito y Ser eterno, publicada póstumamente en 1950.
1938. El 9 de noviembre se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda.
1939-41. Por encargo de la Priora del monasterio de Echt profundiza en la teología simbólica de Dionisio Aeropaguita y en la mística de san Juan de la Cruz. Dos escritores importantes: «Caminos del conocimiento de Dios y Ciencia de la cruz». En la primavera de 1940 Holanda es ocupada por los nazis. Ante el peligro de arresto desestima venir a España y gestiona la oferta de asilo en el Carmelo de Le Pâquier (Suiza).
1942. El 2 de agosto de ese año llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: “¡Ven, vayamos a morir por nuestro pueblo!”. Junto con otros muchos judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. Al día siguiente llega el tren de la muerte al campo de concentración de Auschwitz. Tras un rápido reconocimiento, por su edad (51 años cumplidos), su baja estatura, sin signos externos de robustez, en la mentalidad nazi, no servía para trabajos forzados. Muere víctima del tóxico gas ciclón B en la madrugada del 9 de agosto de 1942.
Beatificación y canonización
En 1962 se inició su proceso de beatificación. Fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, el 1 de mayo de 1987. Su fiesta se celebra en el Carmelo Teresiano el 9 de agosto. El Papa Juan Pablo II canonizó a la judía, filósofa, monja, mártir y beata, Teresa Benedicta de la Cruz de la Orden del Carmelo, el 11 de octubre de 1998 en la Basílica de San Pedro en Roma. Fue también este Papa quien la declaró copatrona de Europa junto a Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena el 13 de diciembre de 1999, en el marco de apertura del Sínodo de Europa.

Luis Lorenzo Gutiérrez. Madrid, 1 de octubre 2009

Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein
(1891-1942)
Bio-bibliografía:

Luis Lorenzo Gutiérrez.
luis.lorenzo@upm.es
luis lorenzo
http://blogasol
1

Anuncios

2 comentarios

  1. Los carismas comunitarios

    Allá por el año 1968 el filósofo marxista heterodoxo Ernst Bloch pronunció una conferencia en Viena . El título de dicha conferencia era: «Carismas de un pueblo en marcha» ¿Con qué dinamismos interiores ha de estar habitada una colectividad para que sea capaz de crear historia? Bloch decía que un pueblo en marcha necesita el carisma de lo profético, lo cantor, lo medical y lo regio. En estos momentos de crisis económica que padece nuestra sociedad y sobre todo de crisis de valores, necesitamos que alguien nos anime, nos oriente y nos ayude a recuperar los valores perdidos. Hoy, después de más de cuatro décadas las palabras de Ernst Bloch siguen teniendo actualidad. Bloch es el filósofo de la esperanza y la utopía, por eso cono hizo él, tenemos que aprender a buscar señales, huellas o vestigios que permitan poner la esperanza en el futuro y, así de esta forma superar el pesimismo imperante.

    Lo profético
    Sin profetas no hay marcha. Una comunidad sin el carisma profético pierde su capacidad de analizar el presente y, sobre todo, de tender utópicamente hacia el futuro de Dios. Profeta es aquel hombre o mujer en quien el Espíritu se manifiesta taladrando el presente y abriéndolo dolorosamente a la promesa. Dice por qué las cosas están mal y su lenguaje no admite componendas, las cosas están mal por una ausencia radical de fidelidad a Dios. Arranca de comprobaciones sociológicas y políticas, pero lo que últimamente le interesa es poner al descubierto la causa radical (de raíz) del mal: el olvido práctico de Dios presente incluso en una piedad sin compasión y en un culto sin justicia.
    Porque deja las cosas al descubierto, sin ideologizarlas, y porque sitúa al hombre frente a las exigencias inapelables de Dios, el profeta puede resultar tremendamente duro y desabrido, una persona intolerable dentro de la comunidad. Ahora bien, lo que distingue a un profeta de un simple precursor de calamidades es su sentido vibrante de la misericordia y fidelidad de Dios. El hombre puede traicionar a Dios comportándose injustamente con los hijos de Dios; pero Dios no puede olvidarse definitivamente del hombre, porque su esencia consiste en ser relación salvadora hacia la humanidad. El profeta lo capta así, y por eso anuncia siempre la esperanza. Donde no hay anuncio de esperanza no hay profecía.
    ¿Por qué es tan importante la presencia de lo profético dentro de la comunidad? La comunidad quiere ser para la sociedad una “terapia de shock”, una curación a través de la sacudida que produce poner al descubierto la realidad empecatada del mundo y, sobre ello, la difícil esperanza que vincula la promesa a la conversión de los corazones y de las estructuras a Dios. Sin el elemento profético, la comunidad se vuelve amorfa, insulsa, no sabe exactamente para qué vive, pierde su orientación y el sentido de su misión. La comunidad necesita de lo profético como el pan de la levadura.
    Y, sin embargo, no basta. Una comunidad que estuviera formada por ese solo carisma no marcharía. ¿Cuánto tiempo habrían aguantado juntos Oseas, Amós, Isaías y Jeremías? Probablemente, muy poco. El profeta es muy personal en sus visiones y tiene sus grandes limitaciones a la hora de captar todos los elementos que constituyen la realidad y la marcha. Es levadura, pero no sabe hacer pan; y ambas cosas son necesarias para la comunidad. A su lado tiene que haber otra gente, otro carisma, que abra la realidad a otras nuevas dimensiones y aporte al grupo otros componentes imprescindibles de la marcha.

    Lo cantor
    Mientras caminamos, mientras tratamos de modelar nuestra historia personal y comunitaria y la historia del mundo de acuerdo con el Evangelio de Jesús, se van produciendo hechos y acontecimientos que merecen ser cantados y celebrados. ¿Quién lo hará? No ciertamente el profeta, perpetuamente ocupado en lo que todavía falta por hacer y, a veces, hasta crispado por la lentitud de la marcha.
    El cansancio es, por otra parte, un dato más que humano en el tiempo presente. La comunidad puede tener muy al vivo la experiencia de la enorme desproporción existente entre los esfuerzos invertidos y los resultados cosechados. ¿Quién alentará la marcha en las horas bajas del desaliento? El profeta, en todo caso, tiene una cierta obsesión por seguir ahondando en la condición humana, y la esperanza que anuncia ve que va para largo.
    Aquí entra en juego el cantor. Ese hombre o mujer con capacidad de captar y cantar la salvación que ya existe entre nosotros en toda forma de amistad que crece, de Reino que aporta, de paciencia que resiste. El Reino de Dios es un horizonte siempre inacabado, pero es también presencia dentro y fuera de la comunidad. Cuando, por la dureza de la vida y de la misión, este ya se vuelve imperceptible, son los cantores los encargados de señalarlo con su canto y los únicos capaces de volver a poner a la comunidad en pie para profundizarlo. Una marcha continuada, alegre y resistente a un mismo tiempo, necesita de los cantores como la fiesta de la música que la acompaña.
    Es lo que descubrió la teología de hace unos años. Al reflexionar sobre sí misma, sintió que tal vez se habría puesto excesivamente seria en sus versiones de Teología de la esperanza, de la revolución, de la Cruz y otras similares. Demasiado seria y con demasiado poco espacio para celebrar lo que en la vida ya es presencia del Señor entre nosotros. No se trataba, está claro, de negar los fundamentos de esa «seriedad» –están demasiado presentes para ignorarlos-, sino de recuperar el gozo de vivir al servicio de la causa de Dios en el mundo y palpar ya algunas de sus promesas. Así es como nacieron aquellas tres obras cuya actualidad, según creo, sigue siendo incuestionable: Fiestas de locos, de Harvey Cox. Sobre la libertad, la alegría y el juego, de Jürgen Moltmann, y Cristianos en fiesta, de Juan Mateos.
    En aquel momento escribía H. Cox: «La fiesta sin política se vuelve insulsa, pero la política sin fiesta es peligrosa». Festejar sin más, desconociendo el sentido profundo de lo que se celebra y el hacia dónde de esa celebración, aburre a la larga. Vivir tenso hacia el futuro a través de un compromiso radical, sin gozar de ese esfuerzo y de lo que se va produciendo, crea hombres duros, incapaces de toda sonrisa y ternura. En ese sentido, peligrosos.
    Dentro de un mismo grupo, en una misma comunidad, la tentación del profeta será excomulgar al cantor, -«tal como está el mundo, no cabe fiesta»-; y la tentación del cantor será huir del profeta que le resulta agrio e inaguantable. Y, sin embargo, ambos son igualmente necesarios para mantener en pie la larga marcha de la comunidad.

    Lo medical
    En todo grupo humano hay enfermos, también en la comunidad. A unos les duele el corazón, a otros el hígado y casi todos llevamos heridas profundas en nuestra alma. Una comunidad que no admita enfermos no puede llamarse cristiana: pero la cuestión está en ver quién puede ofrecerles una mano. Al enfermo no le pone en marcha el profeta ni el cantor. Ni está para cantos ni mucho menos para que alguien lo culpabilice todavía más por su enfermedad. Lo que necesita es un médico que lo cure.
    Todos conocemos ese tipo de hombre o de mujer cuya aportación fundamental al grupo o comunidad consiste en saber acercarse silenciosa y humildemente a cada uno, intuir sin muchas preguntas dónde está su herida y tratar de curarlo devolviéndole grandes dosis de confianza en sí mismo y en la obra que Dios quiere hacer a través de él o ella. Su presencia es absolutamente necesaria y preciosa dentro de una comunidad en una época como la nuestra, en la que una civilización “enferma” de egoísmo e injusticia produce todo tipo de heridas, especialmente las que no son fáciles de curar porque están ocultas.
    El médico no es cantor ni profeta -otra vez los peligros de la excomunión- pero es tan necesario a la vida comunitaria como ellos. Al que se sienta al borde del camino, herido y cansado, no le echa a andar más que el samaritano que entiende de vendar heridas.

    Lo regio
    Es el servicio de la autoridad. Cuanto más rica sea una comunidad en presencias carismáticas, más necesaria se hace su coordinación de cara al encuentro personal y comunitario con la voluntad de Dios en la historia. Sin ese servicio, el mundo interior de la comunidad puede resultar caótico y la expresión de los diversos carismas puede derivar en algarabía epidérmica y en mutua e ineficaz neutralización para la misión.
    El hombre por naturaleza se preocupa por sí mismo, por los intereses personales más que por los intereses de los demás. Para salir de sí mismo, no hacia una causa mayor que él, necesita un discernimiento acompañado que le ayude a distinguir el movimiento de Dios en la marea de sus propios movimientos interiores. La comunidad, por otra parte, no puede deducir inmediatamente lo que Dios quiere de ella. Dios se esconde en el mundo, su voluntad es objeto de un discernimiento permanente que a largo plazo no puede ser convenientemente animado, coordinado y realizado en la comunidad sin el servicio de la autoridad del carisma regio. Ese carisma normalmente está repartido, unos lo tienen para unas cosas y otros para otras. La autoridad máxima está en el conjunto de los miembros comunitarios y el consenso al que se llega por auténtico discernimiento y es confirmado por la experiencia de estar todos contentos con la decisión adoptada y que será respetada por todos.
    En una comunidad que renuncia realmente al poder, toda autoridad deberá aparecer como una forma de servicio, y toda decisión como colegial, ya que cada uno, incluso los menos dotados, están invitados a construir la verdad (Juan 3,21; 8,32), puesto que sin esta verdad no habrá libertad para los pequeños y los pobres.
    Por lo mismo, la comunidad se constituye en nuestro mundo en un espacio y un tiempo de verdad y de libertad, en los que nadie debe pretender llamarse padre o maestro (Mateo 23,8-11) porque todos contribuyen a la construcción de la comunidad.
    ◦ ◦ ◦
    ¿Hay alguna alternativa frente a la real posibilidad de que los distintos carismas terminen excomulgándose mutuamente e imponiéndose dictatorialmente sobre los demás? La alternativa consiste en que cada uno sepa ver en los demás aquel modo en que Dios se hace presente al grupo como gracia –carisma- y «reconocerlo» como tal. A partir de ahí, las tentaciones de excomunión se convierten en conciencia de complementariedad y en aceptación agradecida de aquellas otras presencias sin las cuales la comunidad se vería imposibilitada de proseguir su marcha. Naturalmente, las tensiones seguirán en pie, porque el profeta, el médico y el cantor seguirán siendo lo que son, y sus visiones no siempre serán coincidentes, pero será una tensión creadora: la que se produce con vistas a que la comunidad sea y se mantenga como hogar hacia dentro y como taller hacia fuera: comunión y misión.
    Reconocer a los demás va en paralelo con conocerse a sí mismo. Todos contamos con algún tipo de presencia de Dios en nosotros para el servicio de los demás. Es preciso pararse a descubrirla. Es bueno sentirnos habitados por ella y descubrir su vocación interior de ponerse al habla con el resto de las otras presencias. El problema suele estar frecuentemente en el hecho de que esa conciencia es muy débil dentro de nosotros y en que, por una secreta venganza y, a –veces secreta realidad, no nos decimos unos a otros esa palabra de reconocimiento que tanto necesitamos escuchar. Esa palabra, dada y recibida a un mismo tiempo, liberaría dentro de nosotros energías insospechadas que serían puestas al servicio de la marcha interna y misionera de la comunidad y que normalmente quedan prisioneras del miedo o de la agresividad.

    Luis Lorenzo Gutiérrez, Madrid, mayo 2008


  2. Acercamiento a la biografía y pensamiento de María Zambrano

    (1904, Vélez-Málaga – 1991, Madrid)

    María Zambrano, «la dama peregrina» o «la filósofa errante» como se la conoce, es una de las últimas grandes intelectuales que han surgido en nuestro país. A la filósofa malagueña le tocó vivir desde bien joven la experiencia del destierro. Siendo todavía una niña vivió su primer «exilio» en Castilla, donde nadie de su familia había vivido. En Segovia, ciudad que como dice ella tiene algo de camino, empezó su particular peregrinaje hacia horizontes de proyección cada vez más amplia, un camino hacia lo universal; pero al mismo tiempo, el acercamiento a la figura y la obra de S. Juan de la Cruz le supuso iniciar una peregrinación constante hacia sí misma, hacia el «hombre interior», de que nos habla san Agustín, otro de sus grandes maestros. También en esa ciudad castellana robusta y recoleta María conoce a Antonio Machado, otro paisano andaluz acostumbrado a vivir «sin tierra», quien influirá de forma determinante en su pensamiento.
    María Zambrano es un ejemplo para todos aquellos que han tenido que enfrentarse y superar dificultades. Una de las mujeres de nuestra historia reciente que ha sabido cultivar y cuidar los valores innatos.

    Biografía:
    1904. Nace el 25 de abril en Vélez-Málaga. Sus padres: Blás Zambrano García de Caravante y Araceli Alarcón Delgado, ambos de profesión maestros.
    1908. Habita en un cortijo de la provincia de Jaén, propiedad de su abuelo materno. Sufre una grave enfermedad. Se traslada a Madrid con sus padres.
    1909. La familia se traslada a Segovia, donde su padre había sido nombrado profesor de la Escuela Normal.
    1911. El 21 de abril nace Araceli, hermana de María Zambrano.
    1915. En otoño empieza sus estudios de Bachillerato, a los once años, y lo ultima seis años después en el Instituto Nacional de Segovia. Ella y dos señoritas más eran las únicas alumnas.
    1918. María Zambrano publica su primer artículo en la revista que editaban los antiguos alumnos del Instituto San Isidro de Madrid. Se trata de una reflexión sobre la Primera Guerra Mundial que Europa sufría y que era la simple manifestación de la fuerza y la violencia reinante entre los países, algo que envolvía todo existir.
    1919. El 26 de noviembre Antonio Machado llega a Segovia para ocupar la plaza de profesor de Historia de la Literatura Española en el Instituto de Bachillerato. Entabla amistad con D. Blas Zambrano y los dos son cofundadores de la Universidad Popular segoviana, y de un periódico.
    La Universidad Popular le brinda a María la oportunidad de conocer a los intelectuales más significativos de la época, pues pudo asistir a una convocatoria intensa de conferencias en la ciudad castellana: Miguel de Unamuno, León Felipe, Eugenio D’Ors, García Morente, Américo Castro, Osorio y Gallardo, Gregorio Marañón, Menéndez Pidal, Asín Palacios, Sánchez Albornoz, etc.
    Ese mismo año, justo antes de terminar el Bachillerato, programa instalarse en Madrid y estudiar Filosofía.
    1920. Se matricula como alumna libre en la Universidad Central de tres asignaturas de las que logra buenas calificaciones. Una de ellas será Lógica y Teoría del Conocimiento que imparte el catedrático don Julián Besteiro.
    1921. Tiene intención de instalarse en la Residencia de Señoritas que dirige María de Maeztu. Le conceden la plaza, pero enferma, y ha de renunciar. Este curso sólo se examina de Latín.
    1922-1923. En este año académico no cursó asignatura alguna. Las limitaciones de su enfermedad (le diagnosticaron tuberculosis) las matiza con periodos de reposo, paseos y lecturas reflexivas. Esto le permitió el encuentro con autores significativos cuyas obras ocupaban los anaqueles de la biblioteca paterna. Galdós, Bergson, los filósofos alejandrinos a través de la obra de Jules Simon (Historia de la Escuela de Alejandría), Spinoza y los clásicos españoles.
    1924. Toda la familia se traslada a Madrid. Los primeros cinco años viven en la Plaza de los Carros, posteriormente en la Plaza del Conde de Barajas.
    1926. María Zambrano asiste regularmente a las clases, siguiendo los cursos de José Ortega y Gasset, Javier Zubiri y Manuel García Morente. Aunque es fiel seguidora de Ortega también entabla una estrecha amistad con el profesor Javier Zubiri y con Bartolomé Cossio. Aunque tuvo la suerte de rodearse de los mejores maestros de la época, sin embargo no sale satisfecha del ambiente universitario. Zambrano se exigía mucho a sí misma y la filosofía académica no le satisfacía plenamente.
    1927. Inicia la lectura de la Ética de Baruj Spinoza y la Tercera Eneada de Plotino que la impulsan a retomar de nuevo la filosofía. También durante este año se intensifica su relación con Ortega y participa en las tertulias de la Revista de Occidente a la vez que entabla amistad con Rosa Chacel, Maruja Mallo, Concha Méndez, Mª Teresa León, José Antonio Maravall, etc.
    1928. Inicia el doctorado y elige como tema de tesis «La salvación del individuo en Spinoza», su trabajo de investigación le da pie para relacionarse con numerosos escritores e intelectuales de su generación. La tesis no la concluye. Colabora en el periódico madrileño El liberal.
    1929. De nuevo el rebrote de su enfermedad anterior le obliga a guardar reposo, si bien en la distancia colabora con la Federación Universitaria Escolar (FUE), movimiento surgido como protesta contra el desprecio a los intelectuales que había surgido a raíz del golpe de Estado del General Primo de Ribera que había contado con la legitimación del Rey Alfonso XIII. Durante este tiempo María Zambrano inicia la escritura de su primer ensayo Horizontes de Liberalismo.
    1930. Publica su primer ensayo en Morata, Col, Nueva Generación. 1931. Ingresa como profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid, donde permanecerá hasta 1936. Colabora con la revistas Los cuatro vientos y Cruz y Raya, esta última dirigida por José Bergamín y Revista de Occidente, dirigida por José Ortega y Gasset, donde publica el ensayo Hacia un saber sobre el alma.
    1933. Para María Zambrano éste será un año de acción intensa y de colaboración con los programas formativos de la República. Se incorpora y participa junto con otros jóvenes intelectuales en «Misiones Pedagógicas» (Cáceres, Cuenca y Huesca). De esta acción le movía la voluntad de llevar el saber al pueblo, de llevar a los grandes maestros de la filosofía, Descartes, Kant, Hegel y a Husserl a la gente sencilla, de bajar la razón a la necesaria mirada humilde.
    1935. María Zambrano desarrolla una intensa actividad intelectual al margen de los ambientes filosóficos de las aulas. Intensifica su colaboración en la revistas ya mencionadas: Los Cuatro vientos, Cruz y Raya y, sobre todo, en la Revista de Occidente, así como en la prensa diaria. Precisa llevar la filosofía al ágora, a la realidad, a la tierra (humus). Sufre su primer encontronazo con Ortega, su maestro, a propósito de la publicación de su artículo «Hacia un saber sobre el alma». Aquí, la discípula se adelantó al maestro. Ella con su reflexión penetró en lugares donde Ortega no aceptaba a entrar. Se atrevió a ir más allá de la razón vital y eso le costó una reprimenda, sin embargo seguirá siendo su fiel discípula.
    María Zambrano organiza sus propias tertulias filosóficas y por su casa pasaron jóvenes intelectuales de la época: Luis Cernuda, Ricardo Gullón, Maruja Mallo, Rafael Dieste, Rosa Chacel, Miguel Hernández, etc.
    1936. Se incorpora como profesora de filosofía en el Instituto Cervantes y a la Residencia de Señoritas. Contrae matrimonio con el historiador Alfonso Rodríguez Aldave. Con él viaja a Chile, donde éste ha sido nombrado secretario de la Embajada española.
    1937. En Santiago de Chile publica Los intelectuales en el drama de España y una antología de García Lorca. Regresa junto con su marido a España. Colabora activamente en la defensa de la República. Es miembro del Consejo de Propaganda y del Consejo Nacional de la Infancia Evacuada.
    1939. El 28 de enero inicia su exilio, primero en París y después en La Habana, desde donde se dirige a México. Ahí enseña en la Casa de España y es nombrada profesora de Filosofía en la Universidad de Morelia.
    1940. Se traslada a La Habana invitada como profesora del Instituto de Altos Estudios y del Instituto de Investigaciones Científicas de la Universidad de La Habana.
    1942. Continúa sus clases y conferencias en La Habana. Participa en la Conferencia sobre Cooperación Internacional.
    1943. Se traslada a San Juan de Puerto Rico, donde dicta cursos en la Universidad Río Piedras.
    1946. Se traslada a París, donde residirá hasta 1949.
    1948. Se separa de su marido.
    1949. Regresa a México, donde se le ofrece una cátedra de Metafísica en la Universidad de Puerto Rico. Tras breve tiempo se traslada a La Habana donde permanece hasta 1953.
    1953. Vuelve a Europa y reside en Roma junto con su hermana Araceli.
    1955. Estando viviendo en Roma recibe la noticia del fallecimiento de su gran maestro José Ortega y Gasset y publica su obituario en la revista Insula (número 119). Durante este año trabaja incansablemente en su obra Filosofía, Cristianismo y Religión. De los restos del naufragio –como afirmará su autora- surgirá «El hombre y lo divino», obra capital en el pensamiento de María Zambrano.
    Los años que vivió en Roma fueron de auténtico exilio, pero también de abundante producción literaria. María Zambrano vive estos años en compañía de su hermana Araceli. El final de la década de los cincuenta son años de aguda penuria para las hermanas. Tan delicada era la salud de Araceli como la economía de ambas. Viven muy pobremente en un apartamento de Piazza del Popolo gracias al apoyo y protección de algunos amigos. La filósofa solía decir: «en esta casa se escribe mucho, pero se come poco».
    1964. Acompañando a su hermana enferma se traslada a una vieja casa de campo de La Pièce, situada en el bosque del Jura Francés.
    1966. Para esta fecha la obra de María Zambrano es ya abundante y las revistas españolas especializadas empiezan a dar cuenta de ella. Algunos de nuestros filósofos contemporáneos como José Luis Aranguren, José Ángel Valente o José Luis Abellán son los encargados de despertar el interés por la obra de la filósofa veleña.
    1972. Muere su hermana Araceli. Realiza un breve pero intenso viaje a Grecia.
    1978. Se traslada a Forney-Voltaire, ciudad próxima a Ginebra. Su estado físico comienza a resentirse. Pierde progresivamente la vista. Leer y escribir suponen un esfuerzo, pero sigue trabajando en sus obras.
    1980. Decide residir en Ginebra hasta su regreso a España.
    1981. Recibe el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades. A propuesta de la colonia asturiana de Ginebra es nombrada hija adoptiva del Principado de Asturias. También es nombrada Hija Predilecta por el Ayuntamiento de Vélez-Málaga, su ciudad natal.
    1983. Es nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad de Málaga.
    1984. Algunos amigos le aconsejan volver a la nueva España democrática. A su mejoría física le acompañan también los ánimos suficientes para emprender el regreso. Los diversos congresos o encuentros realizados sobre su obra, la concesión de premios y, sobre todo, el grupo de amigos que desde España la arropan, harán que el 20 de noviembre de 1984 regrese definitivamente a España. Se instala en un cómodo piso en la calle Antonio Maura de Madrid y en esta casa residirá hasta el día de su muerte.
    1985. El 28 de febrero es nombrada Hija Predilecta de Andalucía.
    1987. Se constituye en Vélez-Málaga la Fundación «María Zambrano». A partir de esta fecha la situación económica de la filósofa es solvente tras tantos años de penurias y necesidades. La Fundación y el Ayuntamiento de su pueblo natal le transfieren una cuantía mensual, y los derechos de autor recibidos posibilitan una cómoda situación.
    1988. El 25 de noviembre, se le concede el Premio Cervantes de Literatura. Es la primera mujer que recibe este galardón.
    1989. El 10 de abril el Instituto de la Mujer rinde un homenaje a María Zambrano.
    1990. Su salud se debilita lenta pero progresivamente, tiene dificultades para leer y escribir. Apenas puede sostenerse en pie, pero sigue manteniendo la lucidez suficiente para dictar algún artículo. Es el año de la primera Guerra del Golfo Pérsico. Su extremada sensibilidad y el temor a que el señor de la guerra imponga sus sin-razones hacen que escriba un artículo que titula «Los peligros de la paz». María Zambrano que había iniciado su ciclo vital con la publicación juvenil, en 1918, de un artículo a favor de la paz y contra la Primera Guerra Mundial dedica su última publicación en vida al mismo tema.
    Este año se realiza también el I Congreso Internacional sobre la vida y obra de María Zambrano en Vélez-Málaga.
    1991. En enero es ingresada en un hospital debido a una infección respiratoria. El 6 de febrero muere en el Hospital de la Princesa de Madrid. Por deseo propio fue inhumada en su pueblo natal, Vélez-Málaga.

    Recopilación y redacción: Luis Lorenzo Gutiérrez
    Madrid, mayo 2011



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: