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ADVIENTO AFRICANO

diciembre 1, 2011

En estos finales y comienzos de los años litúrgicos y civil, procede hacer balance de la realidad que nos toca vivir desde aquí, el norte y desde allí, el sur africano. Y tal vez lo más grave que constatamos son las consecuencias de esta fuerte e injusta crisis económica que nos afecta a todos, aunque no por igual, siempre los más pobres sufren con más intensidad sus consecuencias…

Tengo que precisar lo de “Africano” y centrarme concretamente en la región del Bajo Congo y norte de Angola, que son las zonas que más visitamos y conocemos desde ASOL.

En la vida generalmente siempre, se va hacia adelante, hacia más y mejor y lo constatamos en nuestra experiencia e historia personal y social… pero no siempre ocurre así en todos los lugares. La realidad africana está marcada desde sus orígenes por una serie de plagas, creencias, carencias e injusticias, que la frenan en este proceso evolutivo, dejándola en un olvido intencionado e interesado.

Pero estamos en Adviento y el Adviento es “camino”, es decir, movimiento, dinamismo, no estancamiento, no rutina, no inercia… Ese camino que hacemos andando tenemos que hacerlo juntos: acompañados del hermano de acá y de allá, pero con la meta en él, es decir, en el Dios dador de la vida y de los bienes…

                                                                                                                                                                      Flaco favor le hacemos a los demás y a nosotros mismos, si nuestro adviento se reduce sólo a buenos deseos e intenciones y a la celebración litúrgica. Se quedaría en algo externo, superficial, en el sacrificio, evocando las palabras del profeta Oseas: “misericordia quiero, no sacrificio” (Os 6, 6).

El adviento africano requiere y exige conocimiento de la realidad concreta de estos pueblos. Nos apremia a un análisis de las causas y consecuencias de las múltiples situaciones de marginación, injusticia y pobreza que viven y sobre todo el adviento africano nos está invitando a gritos a compromisos sencillos y concretos donde se manifieste nuestra misericordia y solidaridad con el hermano pobre, marginado y olvidado.

¿Qué esperamos en este adviento? ¿Qué debemos esperar?

Esperamos al Dios hecho hombre, al Dios sufriente y pequeño, al Dios cercano, al Dios que es amor, al Dios como nosotros que ha plantado su tienda entre nosotros,… Al Dios que aquí en el norte sufre las consecuencias de esta absurda y cruel crisis y al mismo Dios que se tiñe de negro en el corazón de África marcado no sólo por la crisis económica sino también por la larga y pesada cadena de explotación, extorsión, persecución, ignorancia y marginación seculares…                                

Hay esperanzas, los brotes verdes empiezan a brotar,                las lluvias empiezan a regar las tierras resecas, el hombre; mejor la mujer africana, es fecunda y fuerte y empieza ya a parir nuevos hijos concebidos en la esperanza de “unos cielos nuevos y una tierra nueva”(Ap.21,1) y nosotros hemos de estar atentos y vigilantes acompañando este momento histórico del despertar africano.

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