
NUEVO PENTECOSTÉS AFRICANO
Un nuevo Pentecostés Africano
Invadidos por el Espíritu de Pentecostés, por su variedad de dones y carismas, por la multitud de diferentes pueblos y sitios que acuden a su irrupción y entrega… no puedo por menos de acordarme de África… de su variedad generosa de tribus, pueblos, lenguas, costumbres y creencias…
(Babel o Pentecostés?)
En África es Pentecostés cada día que se despierta de entre las brumas de las selvas, de las secas y cálidas sabánas o de las arenas ardientes del desierto…
Sus gentes pobres y sencillas están siempre atentas a los frecuentes ruidos y convulsiones que les hablan de guerra, de hambre, de desplazamientos y de muerte… Los estigmas de África están grabados a fuego en sus corazones y vidas a lo largo de siglos de injusticias…
Pero África, necesita otro Pentecostés que suene y resuene en todos sus pueblos a levantamiento pacífico, pero decidido y firme, para coger en sus manos su historia y destino, su desarrollo y progreso frente a la corrupción y las injusticias… El Pentecostés de la solidaridad, de la paz, de la justicia y del trabajo, del reparto equitativo de los bienes, de la lucha por salir de las profundidades ancestrales en una puesta al día acorde con los tiempos que corren…
África necesita un Pentecostés de convivencia pacífica, de explotación de sus propios recursos y de su reparto, de formación integral y de inclusión de la mujer en sus normas, leyes y costumbres…
Un Pentecostés liberador, valiente y decidido de transformación de las costumbres y creencias que esclavizan.
Un Pentecostés de laicos y catequistas, hombres y mujeres, que se dejan transformar por el mensaje liberador del Evangelio y lo testimonian y llevan desde sus ciudades y núcleos de población hasta las profundidades de sus poblados y selvas…
Un Pentecostés que anime y purifiques sus iglesias jóvenes de atavismos e influencias extranjeras y potencie su riqueza y variedad de colores, cantos y ritmos…
Un Pentecostés de tantanes y danzas, de alegría y participación plena desde niños a bambutas…
“Ven Espíritu divino, mira el vacío del alma si tu le faltas por dentro. Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.”
DIVERSIDAD DE DONES PERO UN SOLO ESPÍRITU
En cierta ocasión, los colores comenzaron a pelearse. Cada uno quería ser el más importante.
El verde alegaba que era el color de la vida y la esperanza, y el más repartido en la naturaleza.
El azul reivindicaba ser el color del agua y del cielo, del mar y de la paz.
El amarillo decía ser el color de la alegría, del sol y de la vitalidad.
El naranja pretendía ser el color de la salud, de la vitamina y de la fuerza.
El rojo subrayaba su fuerza y su valor, su pasión y su fuego.
El púrpura subrayó que era el color de la nobleza y del poder.
El añil hacía notar que era el color del silencio, de la reflexión, de la oración y del pensamiento profundo.
La lluvia observó la disputa e intervino con su fuerza. Los colores se acurrucaron entre sí y se fundieron en uno.
Cuando cesó la lluvia, se desplegaron en forma de arco iris y todos y cada uno de ellos lució su belleza y se dieron cuenta de la belleza del conjunto.
(Historia hindú, En R. Berzosa,
Parábolas para una nueva evangelización,
Monte Carmelo 234)
![Emaus_pentecostes[1] Emaus_pentecostes[1]](http://asolafrica.files.wordpress.com/2009/05/emaus_pentecostes1.jpg?w=291&h=300)
Escribo después de haber tenido la última reunión del curso 2008-09 del Grupo Misionero Laurista en España -en Villalba, en la casa que tiene Amelia-. Sólo deciros que mi experiencia en este grupo, desde el inicio de su formación, me ha supuesto un mayor acercamiento a lo que debieron ser las primeras comunidades cristianas. He sido catesquista anteriormente en una parroquia y también he tenido unas experiencias muy positivas y enriquecedoras, pero con mi pertenencia a este grupo misionero, he constatado que las comunidades cristianas pequeñas permiten una cercanía y un compartir con los demás mucho más maduro cristianamente hablando. Quizá el futuro de la Iglesia esté en la coexistencia de pequeñas comunidades cristianas, que nos acerquen más a la realidad que nos circunda, y nos ayude a ser cristianos más cercanos al resto de nuestros hermanos que no lo son y a no tener miedo a mostrar los que somos, creemos y pensamos en medio de una realidad que no siempre está acorde con nuestro sentir. Hoy he recordado el texto bíblico de Is,11 (El reino del Mesías, reino de paz y universal) que me ayuda a entender mejor como es esa realidad, en la que desde principios de los tiempos y de una forma u otra, se viene repitiendo siempre.
Recibid un fraternal y universal abrazo para tod@s.